Es claro que los contenidos en este modesto emequis no se producen muy frecuentemente. Dos o tres entradas al mes no reflejan un blog prolífico. O no hay tiempo o me cuesta trabajo (p.e. me da flojera) escribir. Aunque, siendo justos, la virtud de la promiscuidad llega a resultar en la publicación de muchas babosadas.
De pronto Facebook aparece como una medicina ideal para el bloguero estéril. Es una de estas plataformas sociales, una más en las que cuando uno recibe invitación, piensa más de dos veces si perder o no su tiempo en construir su perfil.
Facebook tiene además la posibilidad de agregar aplicaciones (muchas de ellas desarrolladas independientemente), que sirven para compartir y compartir y compartir: tus fotos de Flickr, las de Picasa, los videos de YouTube, una base de datos sobre los libros leídos (con capacidad para reseñarlos), lo mismo para películas de cine.
Son bits pequeños de información los que uno comparte llenando casillas prefabricadas en la plataforma de Facebook: Leí este libro (referencia a Amazon; espacio para reseñarlo); escuché este disco (referencia a la portada; info sobre la letra de las canciones y el género; link al audio); saqué este video (lo puedes compartir en Facebook o vía YouTube); me fui de viaje, aquí están las fotos; me uní a esta u otra causa política o social (link para hacer donaciones); estas son las ciudades que he visitado (link al mapa)… ¿Qué no solían los blogs servir para compartir este tipo de información?
La ventaja de Facebook es que no requiere mucha inspiración ni desarrollar ideas complicadas. Sólo hacer click en opciones. Entonces resulta muy práctico para quien tiene afinidad por compartir (el blogger) y también para el que quiere saber en qué andan sus contactos (el chismoso) sin tener que descifrar la complicada gramática de los blogueros promiscuos que vomitan párrafos a borbotones.
Entonces, Facebook, ¿Es un turbo-blog o un blog-redux?

